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23 mayo 2008

Sin licencia para matar

Fuerzas especiales alemanas en Afganistán dejan escapar a un mando talibán

Por Susanne Koelbl y Alexander Szanda

Fuerzas especiales alemanas tuvieron en sus miras a un importante mando talibán en Afganistán. Pero escapó... porque los alemanes no estaban autorizados a usar fuerza letal. El enfoque de "manos atadas" de la guerra por parte del gobierno alemán está causando fricciones con sus aliados de la OTAN.


Seguro que con nosotros no; ZP y sus sucesivos ministros de Defensa (¿?) pacifistas ya tienen algo que alabar de Angela Merkel.

Las fuerzas especiales alemanas (KSK) están encargadas de capturar al terrorista, en cooperación con el servicio secreto afgano NDS y el ejército afgano. Los soldados alemanes de élite pudieron localizar al mando talibán. Pasaron semanas estudiando su conducta y costumbres: cuándo salía de su casa y con quién, cuántos hombres le acompañaban y con qué armas, el color de su turbante y qué vehículos conducía.

A finales de marzo decidieron actuar para capturarle. En la oscuridad, los KSK, junto con fuerzas afganas, avanzaron hacia su objetivo. Vestidos de negro y con equipo de visión nocturna, el equipo llegó hasta sólo unos pocos cientos de metros de su objetivo antes de ser descubierto por los talibanes.

El peligroso terrorista escapó. Sin embargo, los alemanes podrían haberle matado... Pero los KSK no estaban autorizados para hacerlo.


Es digno motivo de orgullo nacional que hayamos conseguido exportar la guerra de los chistes de Gila*; y es un consuelo meditar que, en caso de guerra entre España y Alemania, no habría muertos salvo por accidente.

(Vía The Other Side of Kim du Toit).

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* O lo sería si pensáramos que la chapuza es invento español.

23 julio 2006

Sobre la guerra Israel - Hizbulá

Thomas Sowell el viernes en Townhall.com (vía BarcePundit), sobre cómo hemos llegado a donde estamos:

Pacifistas contra la paz



Uno de los muchos fracasos de nuestro sistema educativo es que echa al mundo a gente incapaz de distinguir la retórica de la realidad. No han aprendido ningún modo sistemático de analizar ideas, derivar sus implicaciones y contrastar estas implicaciones contra los tozudos hechos.

Los movimientos de "paz" están entre los que se aprovechan de esta extendida incapacidad de ver, más allá de la retórica, hasta las realidades. Poca gente parece siquiera interesada en los resultados reales de los llamados movimientos de "paz"; esto es, en si realmente producen paz o guerra.

Tomemos el Próximo Oriente. Se está pidiendo un acuerdo de alto el fuego en interés de la paz. Pero ha habido más acuerdos de alto el fuego en el Próximo Oriente que en ninguna otra parte. Si los acuerdos de alto el fuego promoviesen realmente la paz, el Próximo Oriente sería la región más pacífica sobre la faz de la tierra en lugar de la más violenta.

¿Se terminó la Segunda Guerra Mundial con acuerdos de alto el fuego o aniquilando gran parte de Alemania y Japón? No nos confundamos, en el proceso murieron civiles inocentes. Incluso murieron prisioneros de guerra americanos cuando bombardeamos Alemania.

[...]

Hubo un tiempo en el que habría sido suicida amenazar, no digamos atacar, a una nación con un poder militar mucho más fuerte, porque uno de los peligros para el atacante era la perspectiva de ser aniquilado.

La "opinión mundial", la ONU y los "movimientos de paz" han eliminado ese estorbo. Hoy un agresor sabe que, si su agresión fracasa, aún estará protegido de todo el poder y furia en la represalia de los que ha atacado porque habrá quienes, retorciéndose las manos, demandarán un alto el fuego, negociaciones y concesiones.

[...]

El resultado más catastrófico de los movimientos de "paz" fue la Segunda Guerra Mundial. Mientras Hitler estaba armando a Alemania hasta los dientes, los movimientos de "paz" en Gran Bretaña abogaban por el desarme de su propio país "como un ejemplo para otros".

Los miembros laboristas del Parlamento británico votaron consistentememte contra el gasto militar y los estudiantes universitarios británicos se comprometían públicamente a no luchar jamás por su país. Si los movimientos de "paz" trajeran la paz, no habría habido una Segunda Guerra Mundial.

[...]


También Sowell, en Libertad Digital, sobre un “ciclo” de estupidez, o sea, lo mismo:

Aquellos que continúan pidiendo un final del "ciclo de violencia" son los que hacen esa violencia más probable. Siempre se puede contar con que "la opinión mundial" en general y la de Naciones Unidas en particular aconsejarán "contención" en la respuesta a los ataques y "negociaciones" en respuesta a amenazas letales. Lo que eso significa es que aquellos que empiezan los conflictos han de pagar un precio inferior al no tener los agredidos vía libre en su contraataque. Reducir el precio a pagar por los agresores virtualmente garantiza más agresiones.



Mark Steyn hoy en el Chicago Sun-Times (vía BarcePundit), trata de a dónde parece que vamos:


Hace unos pocos años, cuando se hablaba airosamente del "proceso de paz de Oriente Próximo" y una "solución de dos estados" yo decía que que el problema era que los palestinos veían una solución de dos estados como una etapa provisional en el camino hacia una solución de un estado. Subestimé la depravación islamista. Como vemos ahora en Gaza y el sur del Líbano, cualquier solución de dos estados sería una etapa provisional en el camino hacia una solución sin ningún estado.

En una de las más admirablemente directas de las declaraciones islamistas, Huseín Masauí, el líder de Hizbulá tras la matanza de fuerzas estadounidenses y francesas hace veinte años, lo expresó así:

No luchamos para que nos ofrezcáis algo. Luchamos para eliminaros.


Estupendo. Pero supongamos que se hubiera salido con la suya; entonces, ¿qué? Supongamos que hasta el último judío de Israel estuviera muerto o hubiese huido; ¿qué surgiría en lugar de la Entidad Sionista? Sería algo como las okupaciones de terror de Hamás-Hizbulá en Gaza y Cisjordania, a lo grande. Hamás ganó abrumadoramente las elecciones palestinas, y Hizbulá obtuvo el control formal de ministerios clave en el gobierno libanés. Pero no son Mussolini: no tienen ningún interés en hacer que los trenes lleguen a sus horas. [...]

[...]

Supongamos que esto fuera cierto; que unos terroristas hicieron volar en discotecas de Bali a parejas australianas en luna de miel y a fumetas escandinavos a causa de "la cuestión palestina". ¿No sugiere esto que esa gente está, en cierto modo, chalada? Después de todo, hay cantidad de simpatizantes del IRA por todo el mundo (probad a defender la posición de los unionistas del Ulster en un bar de Boston) y sin embargo nunca se les ha ocurrido protestar por el dominio británico en Irlanda del Norte haciendo volar a, digamos, turistas alemanes en Tailandia. [...]

[...]

Pero el oportunismo saudí-egipcio-jordano sobre Palestina les ha alcanzado: por fin se han dado cuenta de que una estrategia de evitación consciente de la resolución de la "cuestión palestina" ha ayudado a entregar Gaza, y Líbano y Siria, en manos de un régimen que es para el mundo árabe una amenaza mucho mayor que la Entidad Sionista. El Cairo & Cía. se habían acostumbrado tanto a gimotear a cuenta de la pseudocrisis palestina decenio tras decenio que que nunca se les ocurrió que un día podrían enfrentarse a una crisis de verdad: un Oriente Próximo dominado por un Irán apocalíptico y sus agentes locales, en el que el autogobierno árabe resulta haber sido un mero interludio entre los sultanes otomanos y el eclipse eterno de un paraguas nuclear persa. Los sionistas salieron de Gaza y ahora es un Talibanistán redivivo. Los sionistas salieron del Líbano y la fuerza más poderosa del país (con una ventaja demográfica continuamente creciente) son los agentes chiítas de Irán. No ha habido sionistas cerca de Damasco en sesenta años y Siria es en la práctica la primera puta carcelaria árabe sunní de Irán. Para los otros regímenes de la región, Gaza, Líbano y Siria son estados muertos que han resurgido como vampiros.

[...]

Mientras tanto, Kofi Annan [...] está proponiendo acerca de Israel y Hizbulá que vayan fuerzas de paz de la ONU, no para conservar la "paz" entre dos estados soberanos sino entre un estado soberano y una banda terrorista usurpadora. Despreciable como es, el Secretario General muestra un agudo discernimiento de la dirección que ha tomado el mundo: ya hay "actores no estatales" que tienen cohetería más sofisticada que muchas naciones de la Unión Europea; si Irán se sale con la suya, sus apoderados serán potencias nucleares por implicación. Tal vez deberíamos ponerles en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas.

[...]


Francis Porretto, la semana pasada, respondía preventivamente a aquellos a quienes "una solución sin estado" pueda parecer atractiva:

En la práctica, Israel ha ido a la guerra contra un país caótico y hostil que carece de un auténtico gobierno. (Vuestro Cascarrabias evitará honrarlo con el término “anarquía”; preferiría reservar esa palabra para países no gobernados pacíficos y que observan el Derecho imperio de la Ley).



En Strategy Page, el viernes, analizaban cómo parece que va la campaña de Israel (vía Pajamas Media):

El plan se desarrolla



21 de julio de 2006: los ataques israelíes a instalaciones militares de Hizbulá están haciendo efecto, con los lanzamientos de cohetes por Hizbulá reducidos en más de la mitad (a unos 40 hoy). Israel tiene varios miles de hombres en el sur del Líbano, y están yendo tras los equipos de lanzamiento de cohetes de Hizbulá. Los israelíes han encontrado que su táctica de lanzar octavillas para advertir a los civiles de que permanezcan alejados de las zonas residenciales usadas para almacenar armas, y especialmente cohetes, ha funcionado. A pesar de los esfuerzos de Hizbulá para obligar a los civiles a quedarse en sus casas, la gran mayoría ha huido de los pueblos y vecindarios donde se sabía que Hizbulá estaba almacenando cohetes. Así, la mayor parte de las bombas israelíes han destruido cohetes y alojamientos, no gente. La ONU no ha aceptado esto, sino que se ha plegado a la versión de los medios y la propaganda pro-Hizbulá, para respaldar a los terroristas y acusar a Israel de usar una "fuerza desporporcionada". La ONU está demandando un alto el fuego (que, para Hizbulá, se interpreta como una pausa antes de la próxima ronda de ataques a Israel). A pesar de la frecuente retórica de la ONU sobre los beneficios de la democracia, parecen tener una idea imperfecta de cómo funciona en realidad. Por ejemplo, si un grupo terrorista lanzase mil cohetes contra cualquier democracia, los ciudadanos de dicha democracia exigirían una acción militar contra los atacantes, no un alto el fuego y el evitar una "respuesta desproporcionada".

Israel entra ahora en la segunda semana de una operación militar de tres semanas. La primera semana fue principalmente una campaña de bombardeo para dañar la capacidad de Hizbulá de desplazar fácilmente hombres y municiones, y para destruir instalaciones de Hizbulá, especialmente lugares de almacenamiento de cohetes. La campaña aérea ha alcanzado hasta ahora unos 1.200 objetivos, incluidos unos 200 lugares de almacenamiento de cohetes. Ha habido unas mil bajas libanesas, menos de una por cada ataque aéreo.

En la segunda semana pequeños grupos de tropas de tierra entran en el sur del Líbano para investigar sitios donde se sospecha que se almacenan cohetes. Esta táctica ha descubierto los sitios cuya construcción Hizbulá fue capaz de ocultar a los reconocimientos aéreos y de satélite israelíes. Hasta ahora, se ha destruido aproximadamente la mitad de los stocks de cohetes de Hizbulá, mientras que alrededor de mil cohetes se han disparado contra Israel. Se estima que Hizbulá tenía unos 14.000 cohetes, la mayoría de menor tamaño (122 mm).

Hizbulá ha entrenado también varias docenas de equipos para sacar los cohetes de sus lugares de almacenamiento y lanzarlos hacia el norte de Israel. En la tercera semana del plan militar de Israel, entrarán más tropas en el sur del Líbano, y los hombres de Hizbulá serán muertos o expulsados. En ese punto, se podrá invitar al Líbano o a la ONU a hacerse cargo de la zona, con alguna garantía (un punto peliagudo) de que Hizbulá no regrese. Si eso no funciona, Israel tiene la opción de crear una zona neutral de 30-40 km de profundidad en el sur del Líbano. Varios cientos de miles de civiles libaneses han huido ya de esa zona, y puede que no se les permita regresar hasta que se haga algo acerca de Hizbulá.


Llama la atención (al menos a mí) que los israelíes supuestamente sedientos de sangre civil necesiten más de un ataque aéreo para herir o matar a un libanés. Y que avisen antes de atacar, claro.

21 mayo 2006

El auténtico Iraq

Amir Taheri escribe sobre Iraq en Commentary (vía Instapundit y Fausta):

Desde mi primer encuentro con Iraq, hace casi cuarenta años, he confiado en varias amplias medidas de salud social y económica para evaluar la condición del país. En los buenos tiempos y en los malos, estos signos han demostrado ser notablemente precisos; es decir, tan precisos como es posible en los asuntos humanos. Hace ya algún tiempo que todos están apuntando en una dirección inequívocamente positiva.

El primer signo son los refugiados. Cuando la situación ha sido verdaderamente desesperada en Iraq (en 1959, 1969, 1971, 1973, 1980, 1988 y 1990) se han formado en las fronteras turca e iraní largas colas de iraquíes con la esperanza de huir. En 1973, por ejemplo, cuando Saddam Husseín decidió expulsar a todos aquellos cuyos antepasados no hubieran sido ciudadanos otomanos antes de la creación de Iraq como estado, aproximadamente 1,2 millones de iraquíes dejaron sus hogares en sólo seis semanas. Este no fue el exilio temporal de un pequeño grupo de profesionales e intelectuales de clase media, que es un fenómeno bastante común en la mayoría de los países árabes; fue una partida en masa, que afectó a gente tanto de pequeñas aldeas como de grandes ciudades, y fue una escena que se repitió regularmente bajo Saddam Husseín.

Desde la caída de Saddam en 2003, esta es una imagen altamente perjudicial que no hemos visto en nuestros televisores; y podemos estar seguros de que la veríamos si fuera posible mostrarla. Al contrario, los iraquíes, en lugar de huir, han estado volviendo a casa. Al final de 2005, según la estimación más conservadora, el número de repatriados superaba 1.200.000. Muchos de los campos establecidos para refugiados iraquíes en Turquía, Irán y Arabia Saudí desde 1959 han sido cerrados. El más antiguo de tales centros, en Ashrafiya, en Irán sudoccidental, se cerró formalmente cuando sus últimos ocupantes iraquíes volvieron a su país en 2004.

Un segundo signo fiable concierne también al movimiento humano, pero de una especie diferente: el flujo de peregrinos a los santuarios chiítas de Karbala y Nayaf. Siempre que las cosas empiezan a ir mal en Iraq, este flujo se reduce a un hilillo y luego se seca por completo. De 1991 (cuando Saddam Husseín masacró chiítas, involucrados en una revuelta contra él) a 2003 apenas hubo peregrinos a estas ciudades. Desde la caída de Saddam desbordan de visitantes. En 2005 los lugares santos recibieron, según se estima, a doce millones de peregrinos, lo que los convierte en los más visitados de todo el mundo musulmán, por delante de La Meca y de Medina.

Más de 3.000 clérigos iraquíes han regresado también del exilio y los seminarios chiítas, que hace sólo algunos años no tenían más que unas pocas docenas de pupilos, tienen ahora más de 15.000 procedentes de cuarenta países. Esto es así porque Nayaf, el más antiguo centro de erudición chiíta, puede de nuevo ofrecer una alternativa a Qom, la ciudad santa iraní, donde se enseña una versión radical y altamente politizada del chiísmo. Quienes quieren dedicarse al estudio de formas más tradicionales y quietistas van ahora a Iraq, donde, a diferencia de Irán, los seminarios no están controlados por el gobierno y su policía secreta.

Un tercer signo es puramente económico: el valor del dinar iraquí, especialmente comparado con las otras monedas principales de la región. En los años finales de gobierno de Saddam Husseín el dinar iraquí estaba en caída libre; después de 1995, ni siquiera se cambiaba en Irán y Kuwait. Por contraste, el nuevo dinar, introducido al principio de 2004, se está portando bien frente al dinar kuwaití y el real iraní, habiendo subido un 17% contra el primero y un 23% contra el segundo. Aunque todavía es imposible fijar su valor contra una cesta de divisas internacionales, el nuevo dinar aumentó su valor frente al dólar en casi un 18% entre agosto de 2004 y agosto de 2005. La abrumadora mayoría de los iraquíes, y millones de iraníes y kuwaitíes, lo tratan ahora como un medio de cambio seguro y sólido.

El cuarto de mis signos probados por el tiempo es el nivel de actividad de las pequeñas y medianas empresas. En el pasado, siempre que las cosas han ido cuesta abajo en Iraq grandes números de tales enmpresas simplemente han cerrado, con los emprendedores más capaces del país saliendo para Jordania, Siria, Arabia Saudí, los estados del Golfo Pérsico, Turquía, Irán, e incluso Europa y Norteamérica. Desde la liberación, sin embargo, Iraq ha presenciado un boom del sector privado, especialmente entre las pequeñas y medianas empresas.

Según el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, así como numerosos estudios privados, la economía iraquí ha estado yendo mejor que cualquier otra de la región. El producto interior bruto del país alcanzó casi 90 millardos de dólares en 2004 (el último año para el cual se dispone de cifras), más del doble que en 2003, y su tasa real de crecimiento, según la estimación del FMI, fue del 52,3%. En ese mismo período las exportaciones aumentaron en más de 3 millardos de dólares y la inflación cayó al 25,4%, desde el 70% en 2002. La tasa de desempleo se redujo a la mitad, del 60% al 30%.

Relacionado con esto está el nivel de actividad agrícola. Entre 1991 y 2003 el sector agrario del país experimentó un declive sin precedentes, dejando al final a la nación casi entera dependiente de las raciones distribuidas por las Naciones Unidas en el programa Petróleo por Alimentos. En los últimos dos años, por contra, la agricultura iraquí ha experimentado un resurgimiento también sin precedentes. Iraq exporta ahora alimentos a países vecinos, algo que no ocurría desde los años 50. Mucho del auge se debe a pequeños propietarios que, al liberarse del sistema colectivista impuesto por los baazistas, han retomado el control de tierras confiscadas por el Estado hace decenios.

Finalmente, uno de los más seguros índices de salud de la sociedad iraquí ha sido siempre su disposición a hablar al mundo exterior. Los iraquíes son gente locuaz; cuando quedan silenciosos, es incontrovertible que la vida se les está haciendo dura. Ha habido tiempos, ciertamente, en los que apenas podía encontrarse a un iraquí, en Iraq o en el extranjero, dispuesto a expresar una opinión acerca de algo que tuviera que ver ni remotamente con la política. Esto es lo que quería decir Kanan Makiya cuando describió el régimen de Saddam Husseín como una república del miedo.

Hoy, de nuevo en dramático contraste, los iraquíes son habladores hasta el exceso. Los debates en radio y televisión y los blogs están de moda, mientras que acaloradas discusiones están la orden del día en tiendas, casas de té, bazares, mezquitas, oficinas y domicilios privados. Luay Abdulilá, el escritor de relatos y diarista iraquí, lo describe como una catarsis. Es una manera de tomar venganza contra decenios de mortal silencio. Además, una amplia red de medios independientes ha surgido en Iraq, incluidos más de cien periódicos y revistas de propiedad privada y más de dos docenas de emisoras de radio y televisión. Para cualquiera familiarizado con el estado de los medios de comunicación en el mundo árabe, es una obviedad que Iraq es hoy el lugar donde la libertad de expresión se ejerce más efectivamente.


El artículo es mucho más largo, y digno de leerse entero.

05 febrero 2006

Caricaturas de Mahoma

—¡Papá, papá! ¡En el colegio los niños dicen que eres un mafioso!
—No te preocupes, hijo, que yo me encargo del asunto.
—Sí, papá; pero haz que parezca un accidente.


(De las pancartas de los manifestantes en el segundo enlace me encanta sobre todo la de "EXTERMINAD A LOS QUE CALUMNIAN AL ISLAM"; llamándolo intolerante y asesino, supongo.)

Si yo fuera más como Agados esta entrada habría terminado hace dos párrafos; pero como soy más como yo, seguiré un rato sobre lo que The Belmont Club ha llamado "el primer contragolpe efectivo en la confrontación cultural entre Occidente y el Islam radical". La opinión de Laurence Simon tal vez no sea, como dice Wretchard, la última palabra sobre la Crisis de las Caricaturas, pero es como poco ilustrativa:

Pienso que el embajador danés debería presentar disculpas. En la iglesia cristiana más grande de Arabia Saudí.

Mientras la construyen o no (esperaré sentado), recogeré el guante que arroja Kantor, más o menos. Las caricaturas del Jyllands-Posten fueron retiradas del sitio web del periódico como tarde a principios de noviembre (al parecer estaban aquí); sin embargo, las dos que reproduce Kantor y la que eligió Franco Alemán son probablemente las mejores, y además pueden verse todas en el Brussels Journal, en 1812, en Face of Muhammed o Noticiero Digital, por ejemplo, de modo que buscaré otras.

Zombie ha dispuesto un archivo de imágenes de Mahoma (no sólo caricaturas sino también representaciones serias, incluso devotas; lo de que los musulmanes nunca han representado gráficamente a Mahoma no es cierto, al menos entre los chiítas, incluso en el Irán actual) y hay más en Coranix.com... o las había hace tres días. Una de las imágenes más duras, y además justificada, es la de The Study of Revenge. (El pie de la ilustración dice: "Mahoma (la paz sea con él)").

Pero elijo dos de Steph Bergol (y las recomiendo todas; pueden verse aquí o, si tumban el sitio, aquí):


Error judicial
Mahoma: ¡Es un error judicial! ¡¡¡Soy Mahoma, el profeta!!!
San Pedro: Definitivamente: ¡culpable!


De mostrarnos a Mahoma allí donde le llevan los demonios se han ocupado por ejemplo Giovanni da Modena en San Petronio de Bolonia, William Blake, Gustave Doré y Salvador Dalí, los tres últimos ilustrando a Dante:

Jamás he visto, en su postrer desquicio,
tonel despedazado, de la suerte
que a uno vi de la barba al orificio.

Sobre los pies los intestinos vierte;
enseña el corazón, y el triste saco
que cuanto traga en fetidez convierte.

Mientras le observo entre el ambiente opaco
me mira, y con las manos se abre el pecho:
"Ve a Mahoma —diciendo—; así yo aplaco

mi destrozo y dolor, y a corto trecho
y con el cráneo hasta la nuca hendido,
va Alí delante, en lágrimas deshecho;

y cuantos aquí ves, que han impelido
de escándalo y discordia a infausta liza,
así purgan el pecado cometido.

Un diablo más allá nos cismatiza
con hacha aguda, en tan horrendo estilo
que hace en todos, cual ves, sangrienta liza.

Así damos la vuelta al negro asilo,
y vuelve ya cerrada toda herida
cuando tornamos de su acero al filo."


(Infierno, canto XXVIII, en la traducción de Juan de la Pezuela; aquí el original). Pero vayamos con la segunda caricatura:

Jesús y Mahoma
Jesús: Mahoma, mi reino no es de este mundo...
Mahoma: ¡¡¡El mío, sí!!!


De eso se trata exactamente en la respuesta islamista a las caricaturas: imponer su dominio, en este caso sus restricciones a la libertad de expresión, incluso en las partes de este mundo que aún ("aún" según esperan ellos) no son de su reino. Nuestra respuesta a su respuesta ha de ser o permitírselo o no.

Algunos están por permitírselo, por ejemplo Tony Blair:

El 31 de enero de 2006 la Cámara de los Comunes británica rechazó por un estrecho margen —283 votos contra 282— el proyecto presentado por el Nuevo Laborismo de Ley de Odio Racial y Religioso, que pretendía prohibir expresiones verbales o artísticas que las comunidades religiosas considerasen insultantes.

Carlos Semprún Maura es pesimista; opina que Europa muestra en esto la firmeza del melocotón podrido. Lucrecio piensa que ya nos hemos suicidado. Wretchard ve tiempos interesantes, con posibilidades tanto de catástrofe como de éxito:

Puede verse la crisis de las caricaturas como un desastre estratégico o como una bendición para la Guerra contra el Terror. El argumento para el primer punto de vista es que en la guerra contra los extremistas es necesario ganarse a los moderados. E incluso si es imposible ganárselos puede conseguirse que sigan siendo neutrales o indiferentes; pero en cualquier caso debe evitarse agitar en las masas musulmanas una guerra emocional contra Occidente. La crisis de las caricaturas danesas ha conseguido prender lo que la administración Bush tenía la esperanza de evitar desde el principio: convertir la Guerra contra el Terror en una Guerra con el Islam. Ahora un incidente surgido d un periódico danés relativamente poco conocido ha forzado una elección entre el más profundamente sentido de todos los valores occidentales, la libertad de expresión, y el deseado objetivo estratégico de conservar a la “calle” musulmana a bordo de la Guerra contra el Terror.

El argumento para considerar las caricaturas danesas una bendición descansa en la premisa de que el intento del presidente Bush de separar la Guerra contra el Terror del Islam estaba condenado a fracasar de todas formas, y de que era mejor enfrentarse a ello pronto que tarde. De acuerdo con este punto de vista, reforzado por la elección de Hamas en los territorios palestinos, hay cuestiones religiosas y culturales en la raíz del conflicto internacional. De que la mera votación —en Palestina, por ejemplo— nunca sería suficiente para establecer una democracia liberal mientras la cultura subyacente siguiese siendo hostil y agresiva hacia las raíces de la democracia.

...

Esto no significa que sea inevitable una guerra abierta entre el Islam y Occidente. Pero implica que el conflicto y competición cultural son inevitables, y que esos choques deben disputarse en alguna especie de campo de batalla, aunque no necesariamente uno físico. La actitud de muchos intelectuales occidentales paralizados por la secta del multiculturalismo es, irónicamente, que ellos “no hacen cultura”. Mark Steyn entendió que el multiculturalismo trataba fundamentalmente de evadir los conflictos culturales en lugar de resolverlos. Escribió en el New Criterion: “lo grande del multiculturalismo es que no hace falta saber nada acerca de otras culturas: la capital de Bhután, las principales exportaciones de Malawi, ¿a quién le importan? Todo lo que hace falta es sentirse bien acerca de otras culturas. Es fundamentalmente un fraude, y yo argüiría que subliminalmente se lo aceptó por eso”.

El reto planteado por Peters, Huntington y Steyn es aceptar la existencia de un choque entre civilizaciones y encontrar modalidades —preferentemente pacíficas— de resolverlo.

Nadie puede prever adónde llevará la controversia de las caricaturas danesas. En el mejor de los casos ambos lados volverán a sus líneas de partida después de haber declarado sus posiciones, cada uno con un renovado respeto por el otro. Occidente debería entender, si no se había dado cuenta antes, que los musulmanes están dispuestos a luchar por su religión. Y los musulmanes deberían entender, gracias a la controversia de las caricaturas, que, a pesar de lo todo que hubieran oído en sentido contrario, lo mismo vale para Occidente, y por partida doble. Y a largo plazo ese renuente respeto puede hacer el proceso de ganarse a los moderados musulmanes más fácil que fingir la actitud barata y superficial del multiculturalismo. Pues ¿quién, en el Islam, creería en nosotros si no creyéramos nosotros mismos? ¿Quién en el Islam podría confiar en que luchásemos a su lado si no pudiéramos defender lo que somos, lo que creemos?


Repasando algunos otros de mis blogs habituales leo en The White Peril, por una parte, la reacción de Rondi Adamson ante la declaración por parte de los islamistas de un Día Internacional de la Ira (pero ¿no es cada día un Día Internacional de la Ira para los islamofascistas?); y, por otra, la de Jeff de Beautiful Atrocities (declarar, e inaugurar, un Día Internacional de Ofenda-a-un-Musulmán).

En parecida vena está el Cascarrabias Emérito, Francis Porretto, en una entrada que titula ¿Somos libres de ofender?; en efecto, se refiere al asunto,

el ahora famoso asunto del Jyllands-Posten: la publicación por ese periódico danés de varios dibujos imaginarios de Mahoma, el notorio terrorista, estafador, perjuro, adúltero múltiple y pedófilo árabe del siglo VII, y fundador del Islam.

No puedo imaginar por dónde va a salirnos. ¿Qué opinará, por ejemplo, de las disculpas que pidió el editor del periódico, Carsten Juste?

Ahora bien, vuestro Cascarrabias no tiene ninguna duda de que Carsten Juste es un hombre bueno y honorable. Sólo la gente buena y honorable se preocupa si ofende a otros, aunque esos otros sean intolerantes jinetes de camellos, deficientes morales, con un CI medio de 85 y ningún derecho a ocupar el tiempo o la atención de otras personas excepto al extremo de un arma. Vuestro Cascarrabias comparte el respeto de Juste por la libertad religiosa, y apoyaría a cualquier persona inocente en su derecho a practicar su fe siempre que esa fe no practique la conversión por la espada o exija la subyugación de los no creyentes, de todas las mujeres, de todos los desviados sexuales y de cualquiera con opiniones propias o con el seso que Dios dio a una cucaracha. Pero debe tenerse cuidado en distinguir las religiones genuinas de la variedad sucedánea propia de terroristas, cretinos del Oriente Próximo, criminales americanos encarcelados y seguidores de Louis Farrakhan. Pues estas gentes están deseosas de ver ofensas en todo y en cualquier cosa. De este modo, pierden el derecho a toda consideración por parte de los hombres de buena voluntad.

En realidad, esta pérdida no requiere que el “creyente” intervenga por sí mismo en algún acto nocivo. Todo lo necesario es que afirme su fidelidad a un credo que condone tales cosas:

Vuestro Cascarrabias: ¿Afirma su credo que sus seguidores tienen derechos que los no seguidores no tienen?
Maleante musulmán felacabrones mugriento y asesino: Sí.
Vuestro Cascarrabias: Entonces, si es tan amable de poner las manos en la cabeza y alejarse de mí muy lentamente, le dejaré vivir.

La fidelidad misma es tan ofensiva como cualquier cosa que se pueda decir o hacer.

La pregunta del Cascarrabias, y su respuesta, son la cuestión. Más adelante examina el pequeño detalle de la reciprocidad en el trato:

En los últimos cuatro años, los Estados Unidos han gastado la sangre de más de dos mil de sus jóvenes soldados y muchos miles de millones de dólares para llevar libertad a unos cincuenta millones de víctimas de la tiranía en el Próximo Oriente. Seguimos adelante sin importarnos el credo que siguen o las actitudes que prescribe contra nosotros los “infieles”. Mientras tanto, ese credo ha montado una contracampaña de rencor sin precedentes, un intento sin tapujos de conseguir la hegemonía sobre tanta parte del mundo como puedan abarcar. La punta de lanza de esa campaña en América y Europa Occidental han sido sus berridos de ofensa por las expresiones y opiniones de no musulmanes.

Esto, por parte de un credo que predica que el deber de sus seguidores es obligar a toda rodilla a doblarse ante el Islam; que sanciona el uso de cualquier subterfugio para hacer progresar los intereses del Islam; que ordena a todo musulmán apoyar a todo otro musulmán contra cualquier reclamación de un “infiel”, sin importar si está justificada; que sostiene que un “infiel” no tiene derechos que un musulmán esté obligado a respetar. Enseñan a sus hijos todo esto en cientos de madrasas en este país y en otras partes. Les enseñan también que Osama ben Laden y los terroristas del Martes Negro son grandes héroes del Islam, las manos del Profeta destinadas a traer al fin el Califato sobre el mundo entero.

El Islam no es una religión; es un programa de conquista totalitaria, más vil aún que el nazismo, y no merece respeto ni consideración por los sentimientos de los que comulgan con él. Deberían ser vigilados con atención microscópica y la máxima desconfianza. No debería concedérseles ningún margen en absoluto.

El asunto del Jyllands-Posten debería ser un punto de reunión para los pueblos libres del mundo. Más bien que derrochar declaraciones de afirmación de nuestras inofensivas intenciones y conciliadora naturaleza con los perpetuamente ofendidos musulmanes —veamos, ¿ha tenido alguno de ellos algo que decir sobre la carta fundacional de Hamas últimamente, con lo de las elecciones palestinas y eso?— deberíamos alzarnos sobre nuestras patas traseras y desafiarles a que osen hacer la más pequeña cosita para provocarnos.

Deberíamos estar dispuestos para reaccionar ante cualquier uso de la fuerza con fuerza incomparablemente mayor.

“Comprad danés”, por supuesto. Más allá de eso, aprestad vuestra truculencia y estad dispuestos a apoyar a otros en la posición del Jyllands-Posten. Habrá otros, no lo dudéis. Los musulmanes pueden encontrar “ofensa” en cualquier cosa. Respetan sólo la fuerza superior. Hasta que no se hayan enfrentado a una ira y desafío incomparablemente mayores que los que sus resecas glándulas puedan sostener, no nos darán sino más de lo mismo.

Oderint dum metuant!

Sí; mejor que los islamistas nos odien, mientras nos teman que el actual nos odian y nos desprecian. O que otra caída del imperio romano.

05 noviembre 2005

Los terroristas suicidas entre nosotros

Theodore Dalrymple en FrontPage Magazine (y en el City Journal) (vía Eternity Road):

Muchos jóvenes musulmanes [británicos], a diferencia de los hijos de hindús o sijs que emigraron a Gran Bretaña a la vez que sus padres, toman drogas, incluida heroína. Beben, se permiten encuentros sexuales informales, y hacen de las discotecas el foco de sus vidas. Trabajo y carrera son en el mejor de los casos una dolorosa necesidad, un medio lento e inferior de conseguir dinero para sus distracciones.

[...]

Por más seculares que sean sus gustos, los jóvenes musulmanes desean intensamente mantener la dominación masculina que han heredado de sus padres. Una hermana que tenga la temeridad de elegir un novio para sí misma, o incluso que exprese el deseo de una vida social independiente, probablemente recibirá una paliza, seguida por una vigilancia de exhaustividad digna de la Stasi. Los jóvenes entienden instintivamente que su sistema heredado de dominación masculina (que les proporciona, mediante el matrimonio forzado, gratificación sexual en casa liberándoles a la vez de las tareas domésticas y permitiéndoles vivir vidas completamente occidentalizadas fuera de casa, incluyendo aventuras sexuales en las cuales sus esposas no pueden indagar) es fuerte pero quebradiza, en buena medida como lo era el comunismo: es un fenómeno de todo o nada, y toda transgresión debe recibir un rápido castigo.

Aunque no hubiera otras razones, pues (y de hecho las hay), los jóvenes varones musulmanes tienen un fuerte motivo para mantener una identidad separada. Y ya que la gente rara vez gusta de admitir que su conducta tiene bajos motivos, como el deseo de mantener una dominación gratificante, estos jóvenes musulmanes necesitan una justificación más elevada para su conducta hacia las mujeres. La encuentran, por supuesto, en un Islam residual: no el Islam de onerosos deberes, rituales y prohibiciones, que interfieren tan insistentemente en la vida diaria, sino un Islam de sentimientos residuales, que les permite un sentimiento de superioridad moral sobre todo cuanto les rodea, incluyendo las mujeres, sin alterar en nada su estilo.

[...]

Los musulmanes que rechazan a Occidente están, pues, involucrados en una yihad interior desesperada, un esfuerzo imposible por expurgar de sus corazones todo lo que no es musulmán. No puede hacerse, pues su dependencia tecnológica y científica es también, necesariamente, una dependencia cultural. No se puede creer que el retorno a la Arabia del siglo VII sea suficiente para todos los requerimientos humanos y a la vez conducir un Mercedes rojo nuevo, como hacía uno de los terroristas de Londres poco antes de su suicidio asesino. Alguna conciencia de la contradicción debe de corroer aun en el más obtuso cerebro fundamentalista.

Además, los fundamentalistas han de ser lo bastante autoconscientes para saber que nunca querrán renunciar a los beneficios accesorios de la vida occidental; el gusto por ellos está demasiado profundamente implantado en sus almas, es una parte demasiado profunda de lo que son como seres humanos, para que pueda jamás erradicarse. Es posible rechazar aspectos aislados de la modernidad pero no la propia modernidad. Les guste o no, los fundamentalistas musulmanes son hombres modernos; hombres modernos que intentan la empresa imposible de ser otra cosa.

Por tanto tienen al menos la desazonante sospecha de que su utopía elegida no es en realidad una utopía; de que en las profundidades de su propio interior hay algo que la hace inalcanzable e incluso indeseable. ¿Cómo persuadirse a sí mismos y a otros de que su falta de fe, su vacilación, es en realidad la más fuerte fe posible? ¿Qué prueba de fe más convincente podría haber que morir por ella? ¿Cómo puede alguien estar realmente apegado a la música rap y el cricket y los Mercedes si está dispuesto a volarse en pedazos para destruir la sociedad que los produce? La muerte será el fin del ilícito apego que no puede eliminar por completo de su corazón.

Las dos formas de yihad, la interior y la exterior, la mayor y la menor, se reúnen así en una acción apocalíptica. Con el atentado suicida, los terroristas superan las impurezas morales y dudas religiosas en su interior y, supuestamente, asestan un golpe externo en favor de la propagación de la fe.

Por supuesto, la emoción subyacente es el odio. Un hombre encarcelado que me dijo que quería ser un terrorista suicida estaba más lleno de odio que nadie que haya conocido. [...] Después de una sañuda violación, por la cual fue a la cárcel, se convirtió a una forma salafista del Islam y quedó convencido de que un sistema judicial capaz de creer en la palabra de una simple mujer antes que en la de él estaba irremediablemente corrupto.

Noté un día que su humor había mejorado mucho; estaba comunicativo y casi jovial, como nunca había estado antes. Le pregunté qué había cambiado en su vida. Había tomado su decisión, me dijo. Todo estaba resuelto. No se iba a matar solo, como había sido antes su intención. El suicidio es un pecado mortal, según las doctrinas de la fe islámica. No, cuando saliera de la cárcel no se mataría; se convertiría en un mártir y ganaría eterna recompensa, convirtiéndose en una bomba y llevándose consigo a tantos enemigos como pudiera.

¿Enemigos?, pregunté; ¿qué enemigos? ¿Cómo podía saber que la gente que matase al azar serían enemigos? Eran enemigos, me dijo, porque vivían felizmente en nuestra sociedad podrida e injusta. Por tanto, por definición, eran enemigos (enemigos en sentido objetivo, como podría haber dicho Stalin) y por tanto objetivos legítimos.


Hay mucho más en el original.

23 agosto 2005

Gaza, judenrein

Se ha completado la limpieza étnica de la franja de Gaza. Allahu akbar!

(Veo que no es la primera vez que escribo de esto).

(+) David Horowitz en el GEES.

20 julio 2005

Dos caminos

Uno de mis objetivos al poner un blogroll corto fue que fuera legible; pero ni aun así consigo leerlo regularmente, y no vi hasta el domingo pasado esta entrada del día 11 en el Belmont Club: Two Points of View. Wretchard reflexiona sobre la asimetría de la firmeza entre las partes en este conflicto:
...es interesante considerar por qué nuestra guerra contra el terror parece críticamente dependiente del foco estratégico del liderazgo nacional, mientras que los terroristas nunca parecen estar en peligro de desistir, aun cuando estén divididos. Apenas pasa una semana sin que los medios informen de alguna confrontación entre facciones de terroristas en Irak. Pero nadie se pregunta si los desmoralizados yihadistas dejarán de atacar a Occidente como resultado. [...]

[...]

[...]La Yihad, después de todo, no parece [...] vulnerable a las vacilaciones de sus líderes. Aun si Osama ben Laden fuera arrestado hoy o se convirtiera al Cristianismo evangélico, sería improbable que la Yihad se extinguiese. Ben Laden no puede "liquidar" su causa en el mismo sentido en el que el primer ministro Zapatero pudo. La diferencia obvia es que los países occidentales se gobiernan constitucionalmente. Sus fuerzas armadas, agencias civiles, incluso el conjunto de sus ciudadanos siguen, estén de acuerdo con ellas o no, las órdenes legales de sus líderes. Y, si sus líderes legales dijeran "deponed las armas", las depondrían. El terrorista islámico no está constreñido por parecidos límites.


Wretchard encuentra alguna luz sobre la implacabilidad del extremismo islámico contra Occidente en un artículo de Lee Harris en Tech Central Station, War in Pieces: The Blood Feud. Para ellos, dice Harris, no es una guerra, sino una "pendencia hereditaria":

Inmediatamente después del 11-S, el consenso general era que estábamos en guerra. Y sin embargo esta evocación del concepto de guerra me desazonaba, porque no acababa de encajar. Las guerras eran algo que los occidentales hacían. Se reñían por razones económicas o por expansión territorial; eran instrumentos de la política; tenían un propósito y un objetivo. Se sabía cuándo empezaban y se sabía cuándo habían acabado. [...] cuando escribí La ideología fantástica de al-Qaeda argumenté que la guerra no era el modelo adecuado para entender al enemigo al que nos enfrentábamos [...]

En la pendencia hereditaria la orientación no es hacia el futuro, como en la guerra, sino hacia el pasado. En la pendencia uno se venga de su enemigo por algo que éste hizo en el pasado. Al-Qaeda justificó el ataque a Nueva York y Washington como venganza contra los Estados Unidos por haber profanado el sagrado suelo de Arabia Saudí con su presencia militar en la Primera Guerra del Golfo. En el ataque a Londres, se estaba castigando a los ingleses por su intervención en Irak y Afganistán.

En la pendencia hereditaria, a diferencia de la guerra, no tiene ningún interés poner al enemigo de rodillas. No se busca que el enemigo se rinda; simplemente interesa matar a algunos de los suyos en venganza de pasadas injurias, reales o imaginarias; y tampoco importa lo más mínimo si las personas que uno mata hoy fueron las culpables de las injurias pasadas que afirma estar vengando. En una pendencia hereditaria, todo miembro de la tribu enemiga es un blanco perfectamente válido para la venganza. Lo que importa es que hay que matar a algunos de ellos; y no necesariamente personas de alguna importancia en su comunidad. Simplemente mátese a alguien del otro lado, y ya se ha hecho lo que ordena la lógica de la pendencia hereditaria.

En la pendencia hereditaria no existe el concepto de victoria decisiva porque no hay ningún deseo de acabar la pendencia hereditaria. La pendencia hereditaria, más bien, funciona como una institución "ética" permanente; es el modo de vivir para quienes participan en ella; es la manera en que llevan la puntuación y mantienen sus propios derechos y privilegios. No se participa en ella para vencer, sino para evitar que venza el enemigo; y por eso el antropólogo de la pendencia hereditaria entre los beduinos, Emrys Peters, escribió estas inquietantes palabras: "La pendencia es eterna".


Observa Wretchard que esta actitud puede estar apareciendo también en Occidente:

Los ciudadanos occidentales están aún centrados en los "grandes asuntos", pero la pérdida personal y la ira están haciendo la guerra menos abstracta. Quieren encontrar a personas concretas que les atacaron en ocasiones específicas para hacer caer sobre ellas un castigo individual. Para muchos la guerra ya no es un trabajo que hacer; es algo personal.

Un camino a la victoria, el camino feo, es igualar la entropía de las sociedades islámicas con una correspondiente entropía en Occidente. El creciente resentimiento contra los inmigrantes islámicos en Europa y la voluntad en aumento en Occidente de ver al Islam e incluso a los musulmanes como el enemigo, son todos signos tempranos de la transformación de la guerra en una pendencia hereditaria. Uno de los temas constantes del Belmont Club es que este desarrollo es indeseable porque, en el límite, resultará en la destrucción de la sociedad islámica y hará de todos nosotros unos asesinos. El camino alternativo escogido por el presidente Bush, pero que los políticos corrientes persiguen sólo con escasa convicción, es reducir la entropía en el mundo islámico haciendo a esos países funcionales, modernos y libres de manera que el concepto de "pendencia hereditaria" llegue a ser tan anacrónico en Riad como lo es en Cleveland. [...]

[...]

[...] Pero si los últimos cuatro años de combates muestran algo, es que es posible que el mundo musulmán se eleve sobre la "pendencia hereditaria". La CNN describe cómo unos aldeanos afganos dieron refugio a un SEAL de la Armada que había conseguido evadir a los talibanes:

[...]
Un aldeano afgano encontró al SEAL [herido] y le ocultó en su aldea, dijo el oficial. De acuerdo con informes militares, combatientes talibanes llegaron al pueblo y pidieron que se les entregara al americano, pero los aldeanos rehusaron. El SEAL escribió una nota que establecía su identidad y posición, y un aldeano la entregó a tropas americanas [...] El comando fue rescatado el 3 de julio.


Uno se pregunta si la izquierda occidental hubiera arriesgado tanto para proteger al SEAL como hicieron estos musulmanes de unas míseras montañas. Los que no, probablemente alegarían que "no tenemos ningún derecho a convertir a los musulmanes en Gunga Dins"; ningún derecho a perturbar el museo etnográfico que encuentran tan curioso, tan atractivo y tan antiimperialista. Mientras tanto, seguirán explotando bombas en Londres y la pendencia hereditaria crecerá como un huevo de serpiente en nuestro seno.


No lo he traducido todo; aún queda lectura en el Belmont Club y en TCS.